Coaching sistémico y equipos de alto rendimiento

Una de las recomendaciones, que atrae la atención de aquellos que visitan África y sus parques naturales, es la indicación de los guías de mantenerse todos juntos, sin separarse y sin correr cuando observen que se aproximan los animales, así como los ejemplos que añaden sobre visitantes heridos o muertos, que huyen aterrados fruto de su pavor intentando salvarse, incumpliendo sus indicaciones, y esa situación acaba derivando en lo inevitable e indeseable. En una secuencia de Gladiator, podemos observar algo similar: Russell Crowe, como Máximo, además de interesarse por la experiencia en lucha del resto de sus compañeros, les indica la necesidad de mantenerse juntos, aún siendo minoría y, desde esa unión, avanzar y combatir.

Todos nos preguntamos cuáles son los factores y las condiciones que favorecen la génesis y la eclosión de equipos que logran óptimos resultados. Qué ocurre para que un conjunto de personas logren excelentes objetivos? En este escrito, quiero desentrañar el secreto de este éxito, lo que tras veinticinco años de trabajo en las organizaciones, he aprendido: qué actitudes y qué actuaciones acomete los líderes de estos equipos de alto rendimiento (EAR), cómo se comportan y cuáles son las competencias de los integrantes del mismo.

En el deporte de nuestro país, tenemos buena muestra de la efectividad de esos factores en los resultados conseguidos: un objetivo común y compartido que trasciende de los intereses individuales y que genera la interdependencia de los integrantes de este sistema en pos de la consecución de aquel, la asignación de funciones claras aglutinadas y coordinadas por un líder o responsable (el nombre que asignemos a este rol es lo de menos¡¡¡ la clave es garantizar la existencia de una jerarquía y un orden que aúne esfuerzos y voluntades), el respeto y el reconocimiento de la aportación de todos, sea cual sea el lugar que ocupen en el entramado, eso sí con un orden armónico… Echadle una ojeada a nuestro blog con la explicación sobre las leyes sistémicas. Siempre con cimientos esenciales como son humanidad (ensalzando las diferencias como dinamizadoras del cambio y el desarrollo), humildad (asumiendo las flaquezas y los errores, convirtiéndolos en oportunidades de mejora y desarrollo, ofreciendo nuestra experiencia y nuestro saber hacer y aceptando, agradeciendo, las aportaciones de los demás) y humor (las encefalinas y las endorfinas contribuyen a que nos sintamos empoderados, que creamos en nosotros y en los otros, que fluyamos disfrutando de lo que hacemos, que seamos felices y optimistas generando expectativas de futuro y, por ende, que creemos hábitos saludables y equilibrados en nuestro lenguaje, nuestro cuerpo y nuestra emoción, estos dos últimos no siempre atendidos ni entendidos). Con estos criterios cumplimos las leyes sistémicas que tan esenciales son para el mantenimiento, el crecimiento y el equilibrio de estos sistemas que son el equipo y la organización.

Este es el estimulante trabajo que os proponemos: tomar conciencia, entender y aceptar la situación actual de vuestro equipo-sistema y, con el trabajo de todos los integrantes, construir el equipo-sistema que deseáis y que os reporte, personal y profesionalmente, la satisfacción y la gratitud de las cosas bien hechas. Con la creencia potenciadora de que desde esa felicidad devendrá el éxito.