¿Por qué una buena comunicación?

En las empresas de hoy en día, en un entorno competitivo donde el factor diferenciador ya no

es el producto en sí; donde lo que nos distinguirá de la competencia (incluso en sectores
habitualmente identificados como tecnológicos) son las personas, nos hacemos varias
preguntas.
¿Cómo consigo involucrar a mis colaboradores de forma “natural”? ¿Cómo consigo transmitir
a mis clientes todo lo que mi empresa, en el día a día, es capaz de aportar que no pueda la
competencia? ¿Qué hace que en mi empresa haya buen o mal “ambiente”?
Aunque en realidad, siendo muy práctico, ¿Para qué quiero yo que haya “buen ambiente” y
“buena comunicación”?
Pues por una razón muy sencilla; adelantándonos un poco a lo que vendrá a continuación: la
comunicación sirve para el intercambio de información por una parte y el “intercambio” de
sensaciones y emociones –tanto dentro como fuera de la empresa– por otra parte.
Si mi comunicación empresarial es fluida, el intercambio de información será más rápido y
preciso, ergo mi personal será más eficiente.
Si mi comunicación personal es “rica”, afectará a la motivación tanto de mis colaboradores
como de mis clientes, con dos efectos bastante claros: mis colaboradores serán más
eficientes (trabajan a gusto) y mis clientes serán más fieles (ya que consigo transmitir
entusiasmo para con esa relación).
En definitiva, vemos que la Comunicación (con mayúsculas) cumple realmente un papel
fundamental para mi empresa. Y si soy capaz de desarrollar esa faceta, posiblemente
adquiera una ventaja competitiva interesante (nosotros pensamos que en realidad es
absolutamente vital).