AUTOR: RAFA GARCÍA (Fundador de Valor 2.0)

Esta mañana me ha llamado el director de negocio de una empresa del sector del ocio, con el que colaboro en calidad de responsable de organización. Me explicaba, que hace unos días remató la campaña navideña instalando una pista de hielo. El ayuntamiento de la localidad debe pagar a la empresa una cuota fija por la presencia de la pista, de forma que la venta de los tickets, la recauda el consistorio, aunque se le organice todo el servicio.

El día que se recogió la instalación, no había nadie del Concello para recoger la recaudación en metálico. Así que a mi cliente no le quedó otro remedio que llevarse consigo el dinero con la intención de hacerles un ingreso en el banco.

La llamada de esta mañana era desde el propio banco. Me explicaba este hombre –vamos a llamarle Roberto-, un tanto indignado, que por hacer el ingreso en el banco le cobraban un tanto en concepto de manipulación de efectivo. Y que no estaba dispuesto a hacerlo cuando, después de haber intentado hacer la entrega in situ, nadie del pueblo se brindó a ello. La conversión fue algo así:

  • ¡Pero hombre, Roberto! ¿A cuánto asciende la comisión? No creo que supere los seis o siete euros –le intenté calmar yo.
  • Como se dice por ahí, no es por mi dinero, sino por mi fuero. Voy a escribir un correo al Concello para explicarles la situación y que ellos propongan una solución ¡No vamos a pagarles nosotros su falta de compromiso! Si hubieran querido de verdad, hace días que tendrían el dinero en su haber. Además… Si hay que volver al banco… Aquí se aparca fácil… No tengo problema en volver.
  • ¿Y tú te has parado a valorar el tiempo que te va a llevar escribir el correo, ir otro día ahí y discutir con el cliente? ¿Realmente vale la pena?

El valor nítido de nuestro tiempo

Seguro que cuando hablamos de valorar tu tiempo muchos piensan en ello en un sentido abstracto o metafísico. En esta ocasión, no me refiero a eso, mi pregunta pretendía ser más explícita, más prosaica.

Trasladémonos al mundo de los seguros: ¿No te has planteado, alguna vez, que, en él, el tiempo tiene un valor nítido? Es decir, la póliza entra en vigor el día 4 a las 00:00 horas. Ahora pensemos en nosotros. Alguna vez te ha planteado: ¿Cuánto vale tu tiempo? Si no lo has hecho, te explico cómo hacer el cálculo:

¿Trabajas como asalariado? ¿Eres empresario o autónomo? La fórmula de cálculo variará, pero es igualmente posible. El valor de tu tiempo es igual a (i – g)/t. Toma nota de qué significa cada concepto y haz el cálculo:

  • i = Ingresos netos mensuales que tú recibes o te planteas como objetivo.
  • g = Gastos mensuales que tienes que afrontar: salario, cuota de la Seguridad Social (o de autónomos), teléfono, oficina, viajes y consumibles, entre otros.
  • t = Número medio de horas que dedicas en un mes a la obtención de esos ingresos. Ten en cuenta, tanto las horas directamente remuneradas, como “las otras” horas (cuestiones comerciales, formación, tiempos muertos, desplazamientos…). Suma también algo en concepto del prorrateo anual de días de vacaciones.

¿Elevar el valor de tu tiempo o disminuir tu dedicación profesional?

¿Un ejemplo? Pensemos en una pequeña correduría de seguros en manos de un empresario. Digamos que el corredor ingresa 2.000 euros limpios al mes. Y digamos que, entre la oficina en un centro de negocios, cuota de autónomos, teléfono, luz, etc., tiene unos gastos de 700 euros.

Queda el tiempo. Alguno se va a echar las manos a la cabeza, pero a mí me consta que muchos de vosotros ni vais a pestañear si pongo 50 horas semanales. O, lo que es parecido, unas 200 mensuales.

Teniendo en cuenta estos datos, el valor del tiempo de nuestro amigo autónomo se calcularía así: v = (2.000 – 700)/200 = 6,5 €/h

Esto significa que cada hora de dedicación a otros menesteres que no sean aquellos que aportan puro valor, implica un goteo permanente de 6,5 euros por hora.

¿Te parece poco? Si quieres elevar tu valor tendrás que hacer una de estas tres cosas: o incrementar tus ingresos, reducir tus gastos o disminuir tu dedicación profesional a lo largo del mes. Puesto que las dos primeras variables no suelen ser fáciles de cambiar, sólo nos queda vigilar el tiempo que dedicamos a según qué cosas.

¿Entiendes ahora por qué mi cliente Roberto debería pensarse si no le merecerá la pena –aún llevando toda la razón del mundo-, pensar más en el valor de su tiempo y menos en su fuero?

¿Y tú? ¿vas por la vida siendo consciente del valor de tu tiempo?