Estrategias para gestionar conflictos (de la queja a la acción)

En este artículo os propongo un reto: relativizar la carga emocional de la palabra conflicto y aprender a resaltar las oportunidades de crecimiento y desarrollo que los conflictos nos brindan, a fin de llevar las riendas en su gestión y ser más eficientes. Esperamos que el desafío de haceos fans de los conflictos no os lleve al pánico y, con ese propósito, os ofrecemos algunas reflexiones

El conflicto está tan presente en nuestras vidas, que si no tuviéramos quiebres y tensiones no avanzaríamos, no creceríamos. Es la mejor muestra de que estamos vivos. Aprendamos a definir el conflicto como un revulsivo constructivo y potenciador.
Desde el coaching sistémico, asumimos que el crecimiento de los sistemas implica y requiere desequilibrios para el equilibrio. Permitidme emplear un ejemplo de mi vida a modo de metáfora: seguro que muchos de vosotros tenéis hijos que están con el estirón; Samuel, mi hijo mayor, “está en ello”. Tras días quejándose de dolor muscular (al principio pensando “es lo normal” y, ante su insistencia, empezando a preocuparme), consulté con Carmen, mi amiga de toda la vida y traumatóloga…. Ya han transcurrido unos años y sigo teniendo muy presente su mirada, su sonrisa condescendientes y sus palabras: “Belén, no me lo puedo creer… ya sabes lo que esto es: tu hijo está creciendo, si quieres te doy todas las explicaciones médicas necesarias”. Fue en ese preciso instante, donde con una claridad radiante, sentí la bondad y la necesidad de ese dolor, de esa tensión constructiva.
Si con el transcurso del tiempo, deviene el cambio del sistema y de sus elementos integrantes, el conflicto no es sino el signo, la evidencia de esa transformación. Este nuevo paradigma sobre la forma de entender y abordar los conflictos posibilita que, con el trabajo de coaching sistémico, asumamos y aceptemos la situación actual con cambios continuos y complejos, con incertidumbre e impredictibilidad notabilísimas (lo que algunos autores ya denominan escenarios hiper VUCA) y, desde ahí, apostemos por construir nuevos modelos. Si hay cambio, hay
conflicto; si hay conflicto, hay tensión… el cambio significa vida y desaparición al mismo tiempo, continua renovación. Si el agua deja de discurrir, se enfanga; cuando fluye, es cristalina y fresca. Se trata de decidir dónde poner el foco: en el malestar y lo que, racional, física y emocionalmente, nos genera o en preguntarnos qué nos provoca ese malestar. Y, cuando descubramos el origen, iniciar la aventura de aprender nuevos recursos o de abandonar actitudes o actuaciones ineficientes y/o dañinas, con el apoyo de otros componentes del equipo o de
personas de nuestro entorno.
El tiempo que nos ha tocado vivir es una oportunidad para entrenarnos y habilitarnos en esta competencia. A diferencia de lo que les sucede a los caballeros que deseaban impresionar a sus damas enamoradas, no tenemos que salir a buscar conflictos, nos vienen. Sólo nos resta entrenarnos, quitarnos armaduras pesadas que no nos defienden, nos bloquean. Recordemos cuantos conflictos hemos resuelto y lo que han supuesto en nuestro
desarrollo y avance como personas.
Mi experiencia profesional y vital me demuestra que tendemos a ocultar y ocultarnos del conflicto, postergando la búsqueda de soluciones; que, cuando por fin lo asumimos, perdemos un tiempo precioso, localizando a los culpables y quemándolos en la pira, tras lo cual y, rápidamente, recuperamos la solución que, reiteradamente, hemos intentando antaño y “resuelve” lo que ya solventó…. casi nada. Sé que he exagerado, ni siempre ni todos respondemos así; y, sin embargo, levantad la mano los que estéis satisfechos con vuestro proceder y el de los
colaboradores de los equipos a los que pertenecéis, anotad todo aquello que en vuestra opinión se puede mejorar e invitadles a que ellos lo hagan… Seguro que el abordaje del próximo conflicto, ese que está a la vuelta de la esquina, será diferente, más productivo, más eficiente, más integrador, más creativo, más sistémico…
En la concepción sistémica, hemos de tener presente como esa tensión, esa falta de armonía y equilibrio afectan a los elementos o integrantes. Así, si un miembro del equipo está “tocado”, el equipo está “tocado”, si tomamos una decisión injusta para un colaborador o un departamento, todo el equipo y la organización entran en conflicto. El movimiento que se produce en el juego del tetris es visual y clarificador: se mueve una pieza y el resto se reajustan a ese movimiento, aunque éste sea mínimo y casi imperceptible.
En la apuesta por nuevos paradigmas de relaciones profesionales, lo sistémico y lo ecológico (todos influimos en todos y ha de contemplarse el equilibrio en el dar y el tomar) son criterios que garantizan el crecimiento de los sistemas apoyando la tensión constructiva de los conflictos, potenciando la cultura del aplauso a los desacuerdos y a la diversidad, aceptando la contribución de todos desde la corresponsabilidad, posicionándonos en la creencia del éxito del equipo-sistema, con confianza y con respeto. Y tengamos presente que estamos obligados a buscar lo que deseamos y condenados a vivir lo que rechazamos.