La magia de la sincronicidad

Cuántas veces habéis aludido a la suerte como argumento para explicar la consecución de un logro? Lo cierto es que ya sea por pudor o humildad, ya por cierto desconocimiento o conciencia de lo que ha ocurrido, usamos la suerte, los hados, el destino, los dioses como causas de nuestros resultados. Siento desdeciros y poner en cuarentena este paradigma: para mí, la suerte no existe. Cuando no sabemos atribuir causas a lo que nos acontece, asignamos a la suerte o la casualidad lo que sucede. Mi desafío es que, tras la lectura de este artículo, empecemos a indagar en esos “hechos fortuitos” y tomemos conciencia de cómo contribuimos a que se produzcan. En lenguaje coaching, a eso lo denominamos empoderarnos, pasar de ser meras correas de transmisión a motores, aceptando que, antes de todo, hemos de convertirnos en líderes de nuestras vidas. Es cierto que nos falta oportunidad para reflexionar (benditos días que vivimos, quién nos lo iba a decir que iban a erigirse como posibilidad de ahondar en nosotros, en lo que queremos y deseamos, en nuestras relaciones…) y que, sin demasiado análisis, se dificulta y bloquea el entender y asumir. Bien, como dicen los taurinos “paremos y templemos”: levantad la mano aquellos de vosotros que, como Vicky el vikingo, os frotáis la nariz cuando, tras un rato pensando, encontráis la solución… sólo hace falta concederse tiempo, atreverse a pensar y, ¡¡sorpresa!!, surgen las explicaciones y las causas, disipándose las dudas y las casualidades.

Eso es lo que se vive y se siente con el coaching sistémico. Como por arte de magia, los hechos empiezan a coincidir en el tiempo y en el espacio. Situaciones a las que no prestábamos atención, se revelan como claves para clarificar qué sucede y qué puede suceder. Eso es la sincronicidad, coincidencias a las que ya no podemos tildar como tales. ¿Qué es la sincronicidad? Voy con ejemplos que siempre resultan más clarificadores, que extensas y exhaustivas exposiciones: pensar en una persona a la que queremos y hace tiempo que no sabemos de ella y ¡¡¡ de repente ¡¡¡ se pone en contacto con nosotros por teléfono o nos la encontramos fortuitamente por la calle, recordar una situación, con cierta carga emocional, y ¡¡¡empieza a sonar una canción que escuchábamos en ese momento ¡¡¡, sentirnos desasosegados-alterados y que un acontecimiento negativo para nosotros acontezca en un breve intervalo de tiempo (diciéndonos el “ya sabía-sentía yo que algo iba a pasar),… estos pueden ser algunas de esas circunstancias “casuales”. A lo primero solemos tildarlo de telepatía, la segunda es tan común y frecuente que es simple casualidad y lo tercero, nos convierte en clarividentes.
Durante toda la historia y en todas las culturas, diversos pensadores han aludido a estas “afinidades ocultas” de Hipócrates, o el libro de las mutaciones taoísta, o los mandalas indios, o la unión sincrónica de mente y materia en la transformación de los alquimistas medievales, o las interconexiones de elementos afines que se buscan entre sí de los renacentistas, o la teoría de las mónadas (o capacidad de cuerpo para poner a otro en movimiento) de Leibniz o Schopenhauer y la sincronicidad de psique y materia y de la unión de los objetos- personas entre sí o Chopra y su sincrodestino. Pauli, en el ámbito de la Física Cuántica, y Jung, en el de la Psicología, han abierto un camino de análisis riguroso y “científico” de esta magia de la sincronicidad, con un enorme valor empírico pues desarrollan este enfoque desde su propia y personal experiencia vital. Lo inquietante, relevante y revelador de la teoría de los campos morfogenéticas o mórficos de Sheldrake.
En resumen, sincronicidad es la correlación entre acontecimientos no ligados entre sí por una relación lineal causa-efecto, generándose una realidad psicofísica en la que mente y materia están unidas. Es la coincidencia en la aparición de un evento externo significativo con un estado anímico de similar sentido, una especie de señal,una llamada de atención. Para mí, constituye una magnífica oportunidad de poner el foco en todo ese conocimiento inconsciente y sorprendente que acumulamos y que compartimos, que surge, especialmente, en momentos de cambio y transformación, que nos ayuda a trazar nuestro camino y que nos concilia que nuestra intuición y nuestra emoción, reintegrándonos con nuestra identidad, con el héroe que queremos ser.
Integrar la sincronicidad en nuestro devenir, supone erigirnos en personas libres, responsables, comprometidas, que prestan atención y toman conciencia de los acontecimientos de su vida, de su significado y que deciden que hacer, superando ese estado de ánimo resignado de “ya sabía yo que algo tenía que hacer”, “no quise darme cuenta”,… como dicen los taurinos: “Valor y al toro”. Esa fórmula mágica de la sincronicidad hace que pongamos toda nuestra atención, nuestra emoción, nuestra ilusión y nuestra acción en lograr nuestro objetivo y, a partir de ese momento, empoderados y comprometidos, siendo y sintiéndonos grandes y fuertes (esta es una expresión que utilizamos en Coaching Sistémico), todo avance, sin la sensación de grandes esfuerzos y con el sentimiento de llevar las riendas.

Mi experiencia en Coaching Sistémico, me ha posibilitado encontrar innumerables muestras de estas sincronicidad: el coachee encuentra en el ascensor a una persona con quien quiere mantener una conversación que le acerca a tu objetivo, es promocionado disponiendo de las condiciones idóneas para implementar las acciones definidas en su plan (diseñado en sesiones previas de coaching), inicia el proceso de coaching sistémico inmediatamente antes de un cambio organizativo (no conocido con anterioridad) y que le coloca en una posición de grande o fuerte, esto es de estar preparado para abordar proactivamente los nuevos retos y responsabilidades…. La sensación, verbalizada por los coachees, es la de “todas las piezas encajan”, todo fluye con facilidad, como si no hiciera nada por provocarlo. El aprendizaje reside en asumir y aceptar que sí se han hecho cosas y en ser conscientes de qué y cómo se han hecho, agradeciendo el haber estado atento y haber entendido el significado de la señal.

Para finalizar me permito recomendar dos libros. Sincronicidad de Massimo Teodorani: claro didáctico, estimulante, provocador; y Fluir de Mihaly Csikszentmihalyi: el subtítulo del libro refleja lo que contiene, la psicología de la felicidad…..

Y tú,… qué eliges???